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HISTORIA DE LA IGLESIA PUEBLO DE AMOS Y SU FUNDADOR EL HONORABLE PROFETA AMOS

La Iglesia Pueblo de Amós, la poderosa Obra del Espíritu Santo fue fundada por el Profeta Amós en el 1972 en la isla de Puerto Rico.  El Profeta Amós fue un luchador incansable, varón santo y espiritual que dedicó su vida al ministerio de la salvación de las almas.  A cada paso dejó huellas de amor, pureza y limpieza.  Pero antes de fundar esta gloriosa y poderosa Obra del Espíritu Santo, ya la trayectoria del Profeta Amós era de grandes victorias espirituales. 


El Profeta Amós  nació el 3 de febrero de 1919 en el Barrio Pajonal del Municipio de Florida, al norte de Puerto Rico. Su padre fue agricultor y su madre, ama de casa.  Ambos eran personas humildes y  de  gran sensibilidad humana.  Desde niño sobresalió en la escuela y era muy querido por sus maestros y compañeros de estudio.  Aún a su corta edad, ayudaba para que sus padres y hermanitos tuvieran algo de comer.


A la edad de 18 años se despertaron en él las inquietudes espirituales.  Deseaba predicar la palabra de nuestro Señor para sacar de la desesperanza a aquellos que necesitaban un motivo para luchar en la vida.   Inició en la ciudad de Santurce, en Puerto Rico su evangelización en el año 1937.  Desde ese momento, servirle a Dios fue su norte. Fueron muchas las personas transformadas al oír la palabra del evangelio que salía por su boca.  Con valor y esfuerzo afrontó los grandes sacrificios que tenía que hacer para llevar la palabra de Dios a los humildes y necesitados, y muchos pudieron resolver los múltiples problemas que tenían en sus vidas. 


En su peregrinación, Amós visitó todos los pueblos de Puerto Rico incluyendo Vieques y Culebra y las islitas de San Tomas y Santa Cruz.  Llevó las nuevas de salvación a todos los que encontraba en su camino.  En muchas ocasiones no tuvo qué comer ni donde dormir, pero eso no fue obstáculo para continuar su misión en la tierra.
 


En el 1948 se traslada a la ciudad de Nueva York a comenzar a evangelizar a los hispanos de diferentes nacionalidades que habitaban en la gran urbe. Su trabajo fue arduo enfrentando aún  las inclemencias del tiempo.  Como siempre, Amós siguió hacia delante como guerrero valiente.  Sentía gran satisfacción al ver la transformación de las criaturas bajo el nuevo nacimiento de Cristo.   Amós estuvo muchos años trabajando en la Obra de Dios entre Puerto Rico, Nueva York, Washington D.C., Filadelfia y Chicago.


En el 1974 visita por primera vez al país de El Salvador en Centro América, precisamente antes que     comenzara una guerra civil sangrienta y dolorosa.   El Reverendo Amós arriesgó su vida en múltiples ocasiones para llegar a los sitios más recónditos de aquel país a darle esperanza y luz de vida a los que clamaban necesitados de oír palabra de Dios.  En una ocasión, los mismos soldados le dijeron con gran amargura:  “Nosotros somos mensajeros de muerte y usted es un mensajero de luz”.  Actualmente hay más de 20 congregaciones en las principales ciudades tales como:  San Salvador, San Vicente, Cojutepeque, Ahuachapán, La Corriente de Alegría, Tapalhuaca, Jiquilisco, Sonsonate, Chalchuapa, Jujutla, entre otras.

Entre los años 1975 al 1980 realizó tres viajes a España.  Allí quedó en el corazón y en el alma de muchas personas la virtud del mensaje divino que impartía nuestro amado obispo y pastor Amós. 


En el 1980 llega nuestro amado patriarca Amós al país de Guatemala  y en el 1982  a Honduras, donde hay congregaciones en diversas ciudades como San Pedro Sula, Rio Lindo, Comayag
üela,

Sigüatepeque y en Tegucigalpa, capital del país.  Luego, en el 1986, se traslada Amós al país de Costa Rica.  En estos países llevó su mensaje de aliento y unidad como lo describe el santo evangelio según las Sagradas Escrituras.  Fue el valor y sacrificio de nuestro patriarca Amós  que hizo posible que miles de seres agradecidos y transformados hayan abrazado esta obra gloriosa del Espíritu Santo.


El último país Centroamericano que visitó nuestro patriarca Amós fue Nicaragua.  Los residuos de las guerras y la pobreza extrema eran huellas que marcaban las vidas de los nicaragüenses.  A través del evangelio predicado por nuestro patriarca Amós, estas personas recibieron consuelo, un aliciente en sus vidas y paz. 


En el año 1990 nuestro amado Amós llegó por primera vez a diseminar el mensaje divino de nuestra Obra por todo Méjico. Hoy día la Iglesia Pueblo de Amós tiene templos en varias ciudades de Méjico tales como lo Tijuana, Zacatecas, Guadalajara, San Luis de Potosí, Ciudad de Río Grande, entre otras. 


En el año 1991, la Iglesia Pueblo de Amós, la poderosa Obra del Espíritu Santo compra una finca de 14 cuerdas en el Km. 2.5 Int, carretera 956, Barrio Guzmán Abajo en Río Grande.  La finca la bordea por dos partes el Río Grande, de dicho municipio.  Desde el momento en que se adquirió dicha finca, fue el deseo del Profeta Amós convertir el lugar en un remanso espiritual, en un lugar que sirviera de refugio a la flora y fauna en peligro de extinción. Con la ayuda del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, aquel sueño se hizo una realidad gratificante. El terreno se dividió en predios que contenían cada uno entre 40 a 80 árboles de madera tales como caoba, Teca y Majón. Hoy día son cientos los árboles que hay en esta finca.  Cada familia de la congregación atendía un predio y cuidaba los arbolitos con esmero y dedicación.  Hoy vemos esos árboles erigiéndose con gallardía, albergando en sus copas las aves que con su cántico glorioso nos dicen que el trabajo no fue en vano.  De esta forma Amós nos enseñaba a amar la naturaleza y la vida y a fomentar la unión familiar.  Hoy las flores y árboles frutales circundan también el bosque y enfatizamos en las generaciones nuevas el afán de sembrar para preservar nuestra naturaleza.  La iglesia Pueblo de Amós, alentados por el amor que el Profeta Amós sentía por dicha finca, se ha convertido en un guardián del patrimonio que incluye el cauce del Río Grande y sus áreas de servidumbre de paso.  Queremos asegurarnos que las personas que utilizan dicho recurso natural lo aprecien y lo conserven sin hacer daño a la flora y la fauna del lugar.


En Río Grande, Puerto Rico el Profeta Amós trabajó mucho su ministerio espiritual y hoy día son cientos de ciudadanos de esta gran ciudad que se han unido a esta obra maravillosa inspirados por la palabra de salvación que nos predicaba tan insigne hombre de Dios.   Hoy día gracias a su esfuerzo se levanta esta obra como un faro de luz para el Pueblo de Río Grande.  En este rinconcito de la carretera 956 de esta gran ciudad se encuentra La Fortaleza la Senda Antigua, nombre que le dio nuestro amado Profeta Amós a esta finca maravillosa.   Deseamos preservar su patrimonio y que su trabajo ministerial perdure en los corazones de todos los buenos ciudadanos de Río Grande y del mundo entero.


Porque la humildad del Profeta Amós le distinguió siempre y su paciencia para ayudar a los seres humanos fue un ejemplo.  Por eso en cada país que llegó su Voz y su presencia fueron la solución para múltiples problemas.  ¡Cuántos vivían sin esperanza alguna de salvación, perdidos en el mundo, en el pecado!.  Pero llegó Amós a sus vidas y ocurrió el gran milagro de la transformación.  Ahora son almas felices que testifican de las grandes obras y maravillas que el Profeta Amós ha realizado en sus vidas.  Amós fue un luchador de mucho empeño, un paladín de luchadores, valiente y lleno de bríos que fue dando luz al que en tinieblas se encontraba, y que cumplió en la tierra una misión celestial…Salvar las almas.


El 11 de mayo de 2007, este insigne varón de Dios fue levantado al trono celestial a celebrar su victoria.  Allí hubo jubileo junto a los santos y almas que él mismo ganó durante su paso por esta vida terrenal.

Tenemos la certeza, que el Espíritu Santo que habitó en su honorable cuerpo sigue habitando en medio nuestro.  Las comprobaciones de esto no cesan porque seguimos recibiendo respuesta a todas nuestras peticiones cuando clamamos en su nombre santo.  Hemos tenido noticias de personas no pertenecientes a esta iglesia, que lo han visto y oído en persona.  Todas estas cosas son pruebas feacientes que nos corroboran que su Espíritu nos acompañará para siempre, por los siglos de los siglos.  Amén.


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